La política en tensión, el Olga Vázquez.

Quienes vivimos en la ciudad de La Plata conocemos al Olga Vázquez, un centro político y cultural que en estos días está siendo atravesado por una fuerte crisis vinculado a dos de las organizaciones más numerosas que lo habitan y constituyen.

Tengo amigues y conocides en ambas agrupaciones, como muches de quienes hemos atravesado diferentes espacios políticos y culturales. El Olga es un emblema de autogestión, organización, lucha, colectividad, cooperativismo, de organización social y autogestión, de formas de construir política. Allí radican numerosos talleres de enseñanza y también talleres productivos, se venden productos de la economía social y solidaria, y funciona una radio con una vasta programación de la que alguna vez fui parte con el Feminismo es Amor.  También mi antigua agrupación formó parte durante un tiempo. Todas esas actividades son coordinadas desde la Asamblea del Olga, de las que participan (o se supone) representantes de todos los espacios.

La semana pasada veo varios posteos de una modificación edilicia que se adjudica a Patria Grande y el rechazo de la mismas por no haber sido consensuadas. Ayer (lunes) veo varios posteos de que el Frente Dario Santillan –CN ocupa el Olga, una cadena de personas que conforman dicha organización afuera y otro conjunto de personas de Patria Grande queriendo ingresar. Piedras, palos, mandíbulas fracturadas, cortes en varias personas, empujones, agravios. Es decir, el límite de la política. Si entendemos por ella la pluralidad, el ejercicio del debate, del intercambio y de la negociación de intereses entre todos los que conforman la comunidad (Arendt).

En términos de historizar un poco cómo se llega a semejante desmadre, donde se termina usando la violencia como forma de resolución del conflicto, o explicitación del mismo, porque todavía no se resolvió, podemos situarla en la primera escisión que se vivió cuando una parte de quienes conformaban el FPDS entienden que era necesario ser parte del sistema político partidario y proponer candidates, apoyar a otros y comenzar el juego de la política, allí donde se hacen las leyes, porque consideran que las transformaciones actuales, se hacen (en parte) con las herramientas actuales y hoy en día esa es la democracia. Y que estando por fuera de dicho sistema no se puede modificar el statu quo (la clásica disyuntiva: ser parte para cambiar las cosas o cambiarlas desde “afuera”). Allí se abre una primera escisión y se conformó FPDSCN que decide presentar a Amoretti como candidato.  Luego Patria Grande surge como el instrumento político del FPDSCN.

Por otra parte, están quienes no comparten esa estrategia, o no el modo en que fue llevada adelante en los últimos tiempos por Patria Grande, quienes consideran que los movimientos sociales deben ser autónomos del sistema partidario, que la democracia delegativa es liberal y es parte de un sistema que hay que modificar, y que no es a través de las elecciones político partidarias por medio de las cuales se construye un nuevo mundo más igualitario sino a través del trabajo barrial, de las bases, que se va a lograr el cambio esperado, lo que significa una construcción política por fuera de la arena política, el desarrollo del poder popular. Y como bien sabemos, meterse en el juego de la arena política implica realizar alianzas contrarias muchas veces a los ideales. La cuestión de la estrategia. Y la autonomía.

Esos posicionamientos fueron en un in crescendo de modos de pensar la política diferente y, por ende, las estrategias políticas a seguir y el modo en que se desarrollan (la práctica). Pero no era una diferencia sobre lo político ¿o sí?: ambas se proclaman organizaciones sociales populares, ambas están en contra de las desigualdades sociales, ambas están en contra del neoliberalismo, de la opresión de clase y patriarcal.

En un salto temporal (y obviando sumatoria de hechos, como las tensiones con respecto a referenciarse el Olga con candidatos políticos como en la última campaña por la intendencia platense), esta tensión se manifestó por fuera de las paredes del Olga, durante el ENM n°34, o Encuentro Plurinacional, en la disputa por la modificación del nombre. El espacio de género de Patria Grande (Mala Junta) quedó ligado al comité organizador del encuentro, el cual dificultó el cambio del nombre, porque consideraba que dicha modificación debía darse como producto del aplausómetro en el cierre del encuentro (acto de cierre que fue problemático y violento, sobre el cuál hoy en día no hay una posición clara sobre el cambio de nombre). Por otra parte, el Olga, fue centro de organización de la Campaña Somos Plurinacional. Esta tensión, se vivió en la marcha, algunas llegaron al Estadio Único, otras a 7 y 32 y otras a Plaza Italia. Es decir, a mi criterio un bajón, pero bueno continúo: la modificación del nombre implicaba e implica posicionamientos políticos, que por las alianzas partidarias establecidas desde Patria Grande no podían (querían) darse. Y este tipo de cuestiones entiendo que fueron friccionando los vínculos in situ.

Más allá de continuar relatando cómo ambos “espacios” devinieron en sujetos que se automiraron como “antagónicos” desde lo que se vio de la epopeya del lunes, y se leen en sus comunicados, y continúa por estos días la tensión por el ingreso o no ingreso al Olga, quiero introducir algunas reflexiones.

La primera: la complejidad que radica pensar en la estrategia política a llevar adelante y la búsqueda de coherencia. Y en este punto considero necesarias ambas. Por un lado, pensar desde el sistema político partidario comiéndose los sapos y tensando todo tipo de coherencia ideológica en pos de considerar la coyuntura relevante y la conformación de leyes como puntos nodales sobres los que se pueden construir concreciones políticas, y, por otro lado, quienes recuerden cuando te estás comiendo un sapo de más y que le da un valor específico a la coyuntura en pos de una estrategia a futuro, mucho más a largo plazo. Esta tensión es “piola”, y no necesariamente debería tender, en términos ideales, a la hecatombe y sería interesante que en momentos de crisis políticas se sinteticen los puntos en común más que las divergencias. Aunque la práctica es otra cosa, está atravesada de sentimientos, resentimientos, amores, enojos, posturas que desde cierto punto de vistas son inconciliables, rencores entre dos ex amigos, ex parejas y todo lo que pasa en el mundo micro de relaciones interpersonales de la militancia.

Cuando leí la violencia con la que se sacudieron el día lunes, me hizo acordar a un texto de sociología que veíamos en la comisión de ingreso de Bauman: “los extranjeros”.  Para el autor los extranjeros son personas reconocidas (no son una radical otredad) que ponen en jaque la conformación identitaria de un “nosotros”.  No son “los otros” ni tampoco “nosotros”. Es por ello que “en general, se odia mucho más intensamente a los traidores y a los renegados que a los enemigos francos y declarados. Para un militante nacionalista o de un partido político, no hay enemigo más detestable y odioso que “uno de nosotros” que se pasó al otro bando o que no condena el hecho con la suficiente crudeza, una actitud conciliadora es criticada con más virulencia que una enemistad franca. En todas las religiones los herejes son más abominables que los infieles, y se los persigue con más saña. “Desertar”, “desestabilizar”, “navegar entre dos aguas”, son los peores delitos de los que los líderes pueden acusar a sus seguidores”. Y sí, tuve que irme a leer, así de mediatizada algunes sociólogues nos vinculamos con la realidad. Y sí, la virulencia con la que se dieron parece ser factible de explicarse de ese modo, el hereje es peor que el infiel. Y no quiero señalar quiénes son herejes de quiénes porque para qué sumar leña al fuego. Pero hay una asamblea que debe ser respetada, si es que se consensúa la misma como orden legítimo.

La segunda: que dos organizaciones sociales, de la cual una es desprendimiento de la otra, cuya finalidad es construir políticamente no puedan generar las condiciones de diálogo necesarias, quedarse dentro del mundo de la política, habla de lo que nos falta construir a todes. Y no como madre que enjuicia a dos hijes que se pelean, sino como alguien a la que le entristece tocar los límites de la política. Porque la violencia, la agresión, es lo opuesto a la palabra. Es acto, es dominio, y es construcción de un enemigo y querer destruirlo. Y esto encierra nuestras limitaciones: ¿qué hacemos con las diferencias? La respuesta no debería ser la que se dio ese lunes (11/11), no de quienes pretenden cambiar las lógicas del poder actuales.

La tercera: cuando vi lo de Evo me sorprendió. Va… me sorprendió pensar que en el 2019 la democracia es frágil. Y ahí me reto y me digo: si une lo piensa con más cabeza que expectativas podríamos decir que en el contexto de América Latina, se hace “cualquier cosa” y los pueblos resisten como pueden. Pero yo que soy de emociones lentas y pensamiento también, lo que realmente me sorprende es cómo quienes tienen las alianzas y las fuerzas de su lado, y las ganas y el apoyo se cagan en las instituciones y los consensos colectivos. Porque la democracia es casi un consenso colectivo (pongámosle), las leyes, las elecciones: básicamente son el consenso de que vivimos en sociedad y tenemos que organizarnos y construimos un mundo de normas para convivir, por un lado, y por el otro, para mantener el orden (y, por ende, a veces el statu quo). Y, sin embargo, hacen lo que quieren. Y la violencia es el instrumento que sirve para garantizar los intereses no legítimos de parte de la mayoría y legítimos para una minoría. Porque la legitimidad la construyen con el bolsillo, el odio de clase, racial, patriarcal y la sangre ajena. Y sorprende la baja retórica política, y a palo limpio (y balazo) acomodan el tablero. Y eso me devuelve a lo anterior: es el proceso y los consensos sobre esos procesos los que no se pueden autopermitir que se transgredan. Y menos si se quiere construir un faro de cultura popular, independiente, autogestiva y revolucionaria o cultural, político, del trabajo autogestivo sin patrón. O si esos consensos ya no son, reactualicémoslos, llamemos a terceres, pero reproducir ciertas formas no.

PD: un abrazo para todes porque me imagino que esto nos entristece colectivamente.

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