mirarse

Mirarse a los ojos para saberse, como una zambullida en el mar desconfiada. Objeto de observación para volverte sujeto observado, sin principio y sin fin, con principio y con fin, así son las miradas. Verse para irse de uno hacia no sé dónde, tocar una posta y volver a una. Un recorrido, ¿Qué saldrá cuando nos miramos? ¿Qué sustancia sale de los ojos? ¿Será energía? ¿Es una forma del tacto? La forma que se tiene cuando no se puede todavía alcanzar las cosas, pero se alcanzan todas juntas, la distancia necesaria para no destruirse en la materialidad, derretirse como manteca para ser agua que se va con el mar. El helado antes de que salga de la heladera traslúcida, que nos obliga a salivar, a contemplar y estar.

De fondo la luna y una estrella intrépida que se anima a competir en belleza, de principio tu cara. No te conozco, no tengo idea quien sos. Pero sos. Ahí. Un otro que me mira. Contundente e inclemente. Me ves en mis expresiones más íntimas, todas dibujadas en mi cara, pero nos miramos siempre, todo el tiempo, y nunca. Nos miramos hasta vaciarnos, y volvernos a llenar como si hubiéramos parado en una YPF y el olor a nafta nos gusta, pedimos super porque macrisis y que llene el tanque. Para después irnos, y no volver. Pero de repente volvemos y nos volvemos a mirar, reconozco tu auto, de arena, piercing, silencio y duda.

Me hiciste observar el cielo, y observarte. Te veo sobre la arena y yo arriba tuyo. Hacemos matemáticas con las miradas, trazamos vectores desconociendo la física, pero reconociendo la fisicalidad. También te veo de cerca, acercamos nuestros ojos todo lo que podemos, a ver si saltan los protones y electrones, y me quedo con algunos tuyos y vos con algunos míos, para irme con otro voltaje.

Mirarse para conectar el wifi que la tecnología todavía no pudo decodificar, como cuando se usaba el teléfono de línea y hacía esos sonidos guturales y metálicos, y se escuchaba el grito “¿quién está conectado a internet?!”. Mirarse para hacer viscoso el aire, turbias las imágenes, silencio la mente y sólo órdenes corporales. Hacer para deshacer, punto de fuga y de encuentro, tan concreto y tan rápida como la vuelta de un karting cuando pasa delante nuestro, la caída de una ola contra la arena, la secuencia, el tiempo. Presente, pasado y futuro, todo ahí, colisionados en esos iris, en el cordón umbilical que es la mirada, como muchas personas queriendo pasar por la misma puerta y se chocan, hasta que se organizan, pero mientras tanto se ríen, nerviosos del entuerto. Pase usted. No, usted primero. No, mejor usted primer.

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