Me caí en tus labios

Suena música de fondo, o mejor dicho de principio. Suele ser difícil lograr una caída sin ella. Nos miramos, no sé hace cuánto, pero nos miramos. Primero la caída comienza con palabras, me hablás al oído, y tu boca hace un recorrido magnífico de mis orejas, que pueden ser Tailandia, hasta la comisura de mis labios, que bien podrían ser Chile. Mi desierto de Atacama se empieza a despertar, ya que doy cuenta cuán afeitado estás, o cuanto no. Corre aire entre ambas mejillas, apenas lo necesario para que no tengas tiempo de acampar. Subo hasta Jamaica, me sonrío, se nos chocan las narices. Mis coordenadas no son tan claras. Ni para mí, ni para vos.

Llegar a tu oído es como escalar el Everest, siempre me gustaron los desafíos.

Entre tu boca y mi boca se arma un vaivén, como un juego de ir y venir que abarca distancias extremas y sutiles, inconmensurables para alguien que no sabe dar una buena caída. Ya nuestros cuerpos están ladeados. Me sostiene el aire que nos distancia contra el cual tu cuerpo ejerce resistencia. Si nos distanciaran un milímetro nos desplomaríamos sobre el piso o la realidad. A esta altura es casi lo mismo.

¿Por dónde queda Polonia? ¿Qué paso con Guatemala? Claramente ambos levantaron sus armas, el pueblo está en revolución. Una palabra se escapa a China porque quería visitar la muralla. En el vaivén los ojos se clavan en el medio, como marcando el ritmo donde uno va y el otro viene, el centro es la mirada. Y ahí me olvido, si tengo que ir a Perú o Nueva Zelanda, simplemente me quiero quedar en Berlín o La Plata. Esa mirada me desubica, pierdo la localidad o la pertenencia. Ya estoy mareada y a punto de caer.

Pero resistamos que los Alpes Suizos valen la pena, y nada mejor que disfrutar del paseo en auto antes de llegar a destino.

No sólo te siento, también te huelo. Sos de madera y arce. Entierro mi nariz en tu pelo, el Chaco. El ADN de una persona se encuentra detrás de las orejas. Guarda el perfume histórico que la identifica.

Este vaivén me va a dejar en África o América Central. Tres palabras más, ya no hay distancias. Los caminos se cierran. Las montañas se achican. La marea se concentra. Y ¡ups! me caí en tus labios, y te caíste en los míos. Ups, llegamos a Roma y a Milán, y a Uruguay y Brasil, recorrimos el mundo.

Ups! Nada más lindo que caerse en labios ajenos… Perdón si caigo en los tuyos.

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